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viernes, 5 de octubre de 2012

El artrópodo optimista. Richard Zaratustra (1991)



-Hola botija, como andas?
-Mal che, la verdad para la miércoles.
-Ehhhhh! Que mala onda viejo, ¿qué te paso?
-De todo, primero estoy peleado con mi señora, le dije que no quería fecundar más huevos y bue’ ahí esta no sé cómo paso, ahora estamos esperando 13.500 hijos, encima en el laburo ando de mal en peor, tiraron cerca un par de tabletas de gamexane y están reduciendo personal, por si esto fuera poco se me planto mal la laucha de acá a la vuelta, dice que me vio entre su basura, le dije que yo no era, que las cucarachas somos todas iguales, pero nada che, no quiere saber nada, dice que donde me cruza me morfa; 
¿quieres mas? Fui al antenista, me está fallando la antena izquierda, así que ahora para orientarme es un quilombo; hoy ya me quisieron pisar cuatro veces. Dos humanos, un perro, que además me quiso tragar, y un gato que paso sin darse cuenta y casi más me lleva puesto. 
Me tire un rato panza arriba para descansar un poco y casi mas no la cuento, no me podía dar vuelta… 
Así que mira, dejémoslo ahí mejor.
-Que desgracia, todo mal loco. 
La verdad me parece que estas meado por un escarabajo carnudo o algo asi che.
-No sé, mejor déjalo ahí… ¿y a vos como te va?
-Ahí viste, por suerte ya cree anticuerpos contra el raid mata cucarachas. 
Me estoy por mudar a un barrio más céntrico…
- ¿A dónde te vas?
- A la cocina, dejo el patio y paso a la cocina che. En el laburo me dieron ese ascenso que estaba esperando, ahora paso a manejar toda el área de control y preparación de estiércol.
 ¡Ah! No te conté, estoy saliendo con Estiercola de Sorongo, ¿sabes cual te digo, no? la cucaracha esa, la que sale en la tele, en la propaganda del veneno…
-¿La del frasco negro?
- ¡Esa!, ¿viste que diosa, como se hace la muerta al final? 
¡Esta buenísima, y no sabes cómo aletea!
- me imagino, la verdad que te va bien a vos che, ¿Cómo haces?
- No sé, creo que es suerte. Bueno viejito, te dejo, tengo que ir al gimnasio, nos vemos, cuídate.
-Si…chau, nos vemos…me alegro que te vaya bie...

-Mira vos a ese terrible hijo de mil p… venir a refregarme por la cara lo bien que le va, que pedazo de… Para Enzo, para no te des manija que te suben los juguitos blancos y se te caga mas la antenita izquierda. 
No te calentes que la vida da revancha, en cualquier momento mi jefe cae en la casita yale que le deje abajo del escritorio, y ahí si paso al frente, largo a la bruja y ya me vas a ver otra que con la de la tele, me vas a ver con la esposa de raid huevon. 
No te calentes Enzo ¿mira si fueras una hormiga? ¿Qué serias ahora? Una recolectora, como mucho una cortadora… 
¿O mira si fueras abeja? ¡JA! Abeja esa sí que son zánganas che. 
¡Menos mal que sos cucaracha Enzito! 
Lastras basura, andas entre la mejor de las mugres, de los 13.500 huevos mas de la mitad va para la parrilla… (¡No tenes de que quejarte huevonaso!) 
¡En cualquier momento pasas al frente Enzo!

sábado, 29 de septiembre de 2012

Como derrotar a un "Vilca", Richard Zaratustra (1983)

Sin saber cómo me sorprendo a mi mismo conversando afablemente con Vilca y Amalio, ambos, cordiales en sus maneras, siguen mis palabras atentamente, ofreciéndome gestos de aprobación y conformidad con cada afirmación de mi vulgarizado intelecto que comparto con mi improvisado auditorio.
Debatíamos temas varios, desde la inmigración y proliferación en América de la “blattella germánica; hasta las implicancias de la diáspora mahometana en el mundo occidental y cristiano. Pero, para ser sincero, lo que más me atrapaba de la charla, y me motivaba a continuarla hasta límites insondables de mi capacidad del habla es el hecho de hacer, que Vilca, patético paranoide, se ponga nervioso con lo extenso del coloquio.
Vilca, pasa horas enteras contemplando un cuadro viejo y raido. Hay que interpretar lo que alguna vez el pintor quiso plasmar, tal es su estado de deterioro. Pero Vilca ve un paisaje hermoso, colorido, radiante, lleno de luz y vida… solo que en medio de ese paraíso, como incrustado con posterioridad a la confección de la obra, un ser maléfico lo atormenta.
Asegura que en medio del cuadro un demonio lo condiciona a mirarlo, le dice que hacer, cuando volver y si puede o no salir.
Por eso, cada vez que lo encuentro por los pasillos de mi mansión, le doy charla, me gusta cuando comienza a observar, primero por sobre su hombro, disimuladamente la puerta de su habitación, luego, a medida que van pasando los minutos, su miedo e impaciencia lo desbordan y casi con lagrimas en los ojos sale corriendo hacia el cuadro, a pedirle disculpas por la tardanza al demonio que lo domina.
Saben, me cae bien ese demonio, quien sabe qué tipo de locuras cometería Vilca si no tuviera ese guardián que lo contiene. ¡Válgame Dios!
Un estrepito escalofriante me vuelve a la realidad. Sorprendido, entre sobresaltado y temeroso me estremezco.
Me es difícil entender lo que sucedió en ese extraño momento.
Una inhóspita sensación me invade; como cuando, luego de merendar un emparedado, me siento una golondrina volando al norte; vuelo y vuelo, muy alto, mas alto que las nubes de algodón que me rodean, que me acarician.
Me relajo y me dejo llevar por el viento… hasta que choco contra esa pared, esa pared dura e imperturbable  como la hiel de los ojos laminosos de Cirilo cuando me espía escondido detrás de la cortina bermellón.
Entonces  mi cuerpo pega un involuntario respingo.
Se me eriza la piel, se me nubla la vista, sudo gruesas gotas frías de mi propio miedo que se derrite como las lagrimas de Tadeo que se desvanecen antes de llegar al suelo.
De solo pensar que alguno de mis compañeros de viaje haya estallado naturalmente me aterroriza, (es común, por estos lugares, que la gente explote de forma natural. Un día estas lo mas bien y al otro ¡PAF! Explotas, no se sabe por qué pasa, pero les aseguro que pasa).
Pero justo antes de desvanecerme y quedar a merced de las odas de Morfeo, la burda y terrible risotada de Amalio me hacen ver la realidad. Uno de sus opulentos flatos, esos que hacen temblar las instalaciones de mi mansión.
Eso fue demasiado para Vilca que dejando escapar un lamento más profundo que el de un perro moribundo, sale corriendo a su habitación en busca de su demonio guardián.
Amalio me enseña sus encías despobladas intentando parecer agraciado, su sonrisa le cruzaba toda la horizontalidad de su rostro, como la boca de un axolotl.
Arqueo la ceja izquierda y lo miro con repulsión. Luego pienso en la frenética huida de Vilca y sonrío.
Bien hecho Amalio, por eso te dije que seriamos amigos para siempre.


jueves, 27 de septiembre de 2012

En la soledad de la Pampa, Richard Zaratustra (1965)



Tapera ruinosa, corroída por el tiempo y el abandono, techo de paja a medio derrumbar, las paredes de adobe descascaradas son el único refugio ante el pampero que sopla  implacable en la aridez del lugar.

Cascos sórdidos de bravíos corceles se dejan oír en la lontananza. 

Agazapado como jaguar al acecho, el único morador del patético cuchitril se parapeta en un rincón aguardando.

Dos caballos negros como la noche se detienen a metros del rancho, echando espuma por la boca, jadeantes y nerviosos, coléricos, briosos como tigres acorralados.

Desmontan dos personajes histriónicos, igual de salvajes que sus caballos. Son el comisario del pueblo y el cabo Gómez, agentes de la ley y el orden, brindadores de paz y tranquilidad.

Parados, desafiantes, frente a la puerta del paupérrimo rancho, el comisario, haciendo eco con sus manos alrededor de la boca grita:

-¡Cardozo! ¡Entriegate maula, sabemo’ que esta’ h’adentro!

Desde el interior una voz poderosa como relámpago de Zeus devuelve la advertencia:

-¡No me entrego ni mamau comesario, de aca me van a tener que sacar con las patas pa delante!

El comisario y el cabo Gómez se miran sorprendidos, descolocados con tan pérfida respuesta. el comisario arquea ambas cejas y las levanta como interrogando al cabo que desde el otro lado le devuelve igual gesto.

-Vaya Gómez, saque a ese maula por la fuerza, demuestre que aca los únicos cocoritos somos nosotros.

-¿Yo comesario? ¿Por qué no va uste’ que es más h’autorida?

-¡pero qué es esto caracho! ¡Sotreta! Si doy una orden se cumple sin chistar, ¿entendió? Haberse visto maula mal aprendido...

Resignado, el cabo Gómez se pone dudoso de pie; en ese momento dos disparos de Smith & Wesson  calibre .38 rompen la monotonía sórdida de la pampa

¡PAW! ¡PAW!

El comisario presuroso se cobija detras del cabo Gómez que desconcertado y perplejo no atina a moverse...

-¡AIJUNA caracho con este maula! Parece el mesmo Mandinga. ¡Saque el bufoso y responda al fuego cabo!

- va a tener que ser uste comesario, yo se me olvide la reglamentaria en el cajoncito de la mesa de lu’ de mi rancho.

-¡pero será de dio maula! ¿Cómo se le ocurre salir a un operativo sin la pistola? Se da cuenta cabo que cuando le digo inútil no me equivoco nomas.

Y si comesario, ansi parece...

-Gueno, que se le va a hacer Gómez, otra vez será. Vamos a reagruparnos en la comiseria, estos picaros nos superan en número. ¡Valientes si, zonzos no cabo!

-¿Qué picaros comesario? Si está el Cardozo solo noma’

Mirando fijamente al cabo Gómez, el comisario frunce el ceño, estruja la nariz moviendo su espeso bigotazo de un lado hacia el otro, como en una danza chamanica, y escupe hacia un lado.

-dije que nos superan en número cabo, ¿quedo claro?

Cuadrándose el cabo hace taconear sus polvorientas botas de potro.

-como ordene comesario, pa’ la comiseria pues... ¿y qué hacemos con el Cardozo comesario?

-dejelon nomas pastar Gómez, ya le va a dar sed al pícaro este, cuando este en la pulpería y medio mamau le caemos de sorpresa y ¡zacate! A la jaula con el malandrín. 
Se da cuenta hombre, eso se llama “embuscada” se apriende en la escuela de comesarios.

-¡me cacho! Uste’ la sabe todas comesario.

-Ansi es m'hijo, por eso si esto juera selva yo seria el tigre...

-¿y yo que seria comesario?

-Uste seria mi comida cabo.

Un día fuera de lo normal, Richard Zaratustra (1983)

Mecía pausadamente su pierna queriendo no delatar la impaciencia que lo embargaba. Miro de soslayo el lúgubre reloj que adherido a la pared como araña, daba tiempo a esa realidad sin forma.
Recortada su silueta detrás de la cortina maltrecha, ajada y mugrienta, color bermellón que cubría la gruesa ventana del comedor, Cirilo, con la mirada fija,  su nariz redonda alzada cual perro cazador olfateando el viento, sus mofletes rellenos como horma de queso; lo espiaba extasiado.
Todo eso le molestaba hoy más que de costumbre; la idiotez de Cirilo que se creía invisible, el paranoico comportamiento de Vilca, que sentado cerca suyo se mantenía con la mirada fija clavada en un extraño y ridículo cuadro destartalado que servía solo de refugio de arañas.
 Ni siquiera soportaba en este día a Amalio, detesto, en este momento, haberle dicho hace tiempo que serian amigos para siempre. Ya no quería ser amigo de Amalio, ya no lo comprendía como los otros días cuando al verlo con mirada perdida y a punto de volar, lo tironeo a la realidad con esa terrible ventosidad que hizo retumbar toda la casa dejando perdurar el eco al menos 20 segundos, luego la descabellada risotada de Amalio rompiendo con la fragilidad de la sala, estallando como un volcán descontrolado y absurdo, pero contagioso. Ese día todos terminamos riendo a más no poder ¡como locos! fue tanta la risa que hasta nos tuvimos que atar unos con otros para no reventar y salir volando, (es común entre nosotros volar cuando se revienta). Mi estomago pareció cuajarse de lo hinchado que se me había puesto.
Pero eso fue en otro momento, en otra vida me parecía, hoy no tenía ganas de soportar a nadie.
No soy lo que era, pero soy por lo que fui, chisto errático en mí oído Anselmo al tiempo que babeaba en mi brazo. Ese fue el detonante, la gota que colmo el vaso. No soporte mas, me puse en pie de un salto, golpee con la palma de mi mano la mesa (no demasiado, quería demostrar que estaba ofuscado pero no al punto de poner a todos en mi contra), chasquee los dientes descortésmente, tome aire como intentando decir algo, mas algo extraño calo hondo en mi ser dejándome mudo.
Me contuve, algo sobrenatural, que me desbordaba, indudablemente era algo anormal, no de este lugar lo que hacía detener mis palabras.
En ese momento fui el centro de la habitación, todas esas desconcertadas miradas se posaron en mí como si fuera la vedette del teatro.
Comencé a sudar, me dio frio, mucho frio, baje la vista y me senté sin decir nada.
Me cruce de piernas tranquilamente, acomode las solapas de mi saco, sacudí el polvo de las mangas, apoye mi frente en la palma que segundos antes había aporreado la mesa,  puse mirada circunspecta, arquee una ceja fingiendo nobleza y me quede en silencio, tan profundo y hermético como cuando Cirilo me busca charla, así de callado quede.
Todos continuaron con sus menesteres dejando de prestarme atención.
Hoy es un día fuera de lo habitual, hoy no soporto mas a nadie, pensé para mis adentros. Ojala que Amalio me sorprenda con una de las suyas, dije mientras cerraba los ojos.

viernes, 24 de agosto de 2012

El misterioso cuadro colgado en la pared. (Richard Zaratustra, 1947)

La oscuridad del cuarto lo abrazaba acogedoramente. La estrechez de las paredes no lo sofocaban sino que le provocaban candor, esa especie de calidez que nunca le prodigaron cuando niño. O al menos así imagino que debería ser el cariño, esas paredes húmedas lo hacían sentir contenido, cerraba los ojos y sentía como si lo arroparan en su lecho.
Paso la noche entera sentado en la única silla que tenia. Era de madera de pino, rustica, espartana en su concepción, se dejaba ver que había sido creada para el único fin que cumplía, sentarse, no tenía ni pizca de buen gusto, de detalles decorativos, de imaginación. Solo era una silla de madera de pino para sentarse.
Deja la mirada estacionada por horas en un pequeño cuadro que pendía inseguro en una de las descascaradas paredes color ocre, (le gusta pensar que  en algún remoto pasado fueron ocres, ya que en la actualidad poco queda que de fe de eso).
El cuadrito está sucio y algo deteriorado, pero para él es su mundo, su ventana a la realidad, su escapatoria obligada de las noches, su último refugio, su escondite secreto, su cueva de pirata.
Un pintoresco bosquecillo, al parecer fue bastante colorido, verde esmeralda salpicado de diminutas flores naranjas, un par de arboles imponentes dan robustez a la imagen, el cielo celeste con algunas tímidas nubes dan el marco ideal de paisajismo clásico.
A no ser por un solo detalle cualquiera podría decir de ese cuadro que no tiene nada fuera de lo normal, rosando lo mediocre se podría decir. Ese sórdido detalle es el que tiene ensimismado en la contemplación a Vilco Huanco desde siempre, lo mantiene  hipnotizado, perdido en sus platónicas cavilaciones, flotando en lo más profundo de sus cobardías.
Un ser extraño, demoniaco, inquietante mira turbado hacia delante, entre colérico y desconsolado, uno no sabe si esta rabioso o si está llorando, sea cual fuere el gesto, Vilco sabe que ese ser lo mira, lo llama, lo incita a mirarlo, a comprender sus trastornos, que son los suyos propios, cree entender por lo que una vez, esa única vez, le murmuro ese ser cuando lo sorprendió entre dormido en su silla espartana. Desde ese fatídico día Vilco nunca más pudo dormir, solo mira el cuadro, al ser macabro que lo molesta. Para salir de su cuarto Vilco Huanco le pide permiso al horrendo ser, y cuando está de regreso lo saluda respetuoso con una inclinación solemne de la cabeza. Aunque trata de ausentarse lo menos posible, no sea cosa que el ser horrible se moleste con él.

sábado, 18 de agosto de 2012

La realidad enmascarada

¿Nos es posible despojarnos de todo lo que sabemos, de nuestros valores, de nuestros parámetros culturales, de conducta, de apreciación de la realidad?
¿Podemos dejar nuestro cuenta kilómetros cerebral en cero y empezar de nuevo?
Desde antes de nacer esta sociedad va marcando nuestro rumbo, dice quienes somos, de dónde venimos, donde debemos vivir, y por consecuencia cual va a ser nuestra posición en esta sociedad, como interrelacionarnos entre nosotros, donde trabajar y de que, dependiendo también en donde vivamos, como comportarnos, como obedecer y ser sumisos, en fin, nos condicionan desde siempre a que seamos lo que ellos quieren que seamos, ni más ni menos, y si por algún error de la naturaleza, alguien se cuestiona todo esto e intenta ir de contramano, se lo extirpa del sistema como un cáncer propenso a expandirse y contagiar al resto.
Si un individuo no es como la sociedad planifico que sea se lo aísla, se lo discrimina se lo aparta y se lo trata de “curar” para poder reinsertarlo en este conjunto predecible de personas, domesticada para beneficio y servicio de los titiriteros de la humanidad. Con titiriteros no me refiero a los gobiernos, políticos o demás escoria social, no, sino que apunto más alto, a los que realmente manejan la economía mundial, los que verdaderamente estipulan quien es quien en este mundo. Los políticos no son más que administradores involuntarios de su perverso sistema de control. Cabe acá la pregunta ¿hay realmente personas que digitan la realidad? Vivimos en democracia, eso no puede suceder, además si son tan multimillonarios que les importamos nosotros…  e infinidad de planteamientos por el estilo que no hacen más que reforzar la represiva estimulación que dan al criterio “libre de la gente”
Si en la alegoría de la caverna, el sujeto que sale y puede contemplar la realidad tal cual es, ¿es engañado nuevamente y tan solo le muestran otra mascarada de la realidad? ¿Otra mentira? ¿Otra ilusión más? Como saberlo, como discernir entre lo que es real y lo que no lo es, si hasta lo que creemos sentir de corazón no es más que un precepto social desarrollado en conjunto, fueron esos estamentos sociales los que  programaron lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo que era correcto y lo que no, lo que es el amor y lo que no, como debe actuar y sentir una madre y como  no, cual es el rol del padre y cual no, y así podría dar miles de ejemplos, de hecho todos los ejemplos que se nos ocurran se adaptarían a esta realidad perniciosa y falaz.
¿Soy un iluminado que descubrió la realidad? NO, categóricamente NO, puesto que para que piense así tuve muchas influencias de sabios que realmente si fueron iluminados; y a decir verdad, quien mas o quien menos conoce que la realidad es una masa maleable en donde algunos sádicos escultores se entretienen creado horrendas obras macabras, solamente que algunos estamos dispuestos a combatir eso, y otros, mas cómodos, prefieren seguirles el juego y dejarse llevar.

sábado, 16 de junio de 2012

El fuego que enloquece (1984) Richard Zaratustra


Constitución, 0700 horas, bajo del tren luego de haber sido apretado, empujado, pisado, ensuciado por las bicicletas que se meten en cualquier vagón por mas que no sea el furgón, mordido, picado y molestado por miles y miles de pasajeros hacinados en sucios y rotos vagones mas aptos para transportar inmundicias que personas.
Mi respiración se hace pesada, la mente se me obstruye por el odio, mis oídos son poseídos por un silbido agudo que me abstrae de lo que pasa, mi vista se nubla.
Siento el peso en mi mochila, estaba preparado para esto, hoy no van a poder conmigo.
Soy arrastrado por la infinita masa de personas que automatizados caminan como hormigas hacia la salida de la estación o hacia la entrada del subte C.
A los empujones, haciéndome un lugar me detengo, extraigo de mi mochila un pequeño artefacto cilíndrico, es de cartón, cartón duro repleto de Napalm. Esta vez no van a poder conmigo. El infierno se desata en constitución.
El fuego devora a miles, las perdidas son enormes, toda la estación con sus trenes, maquinistas, oficinas, pasajeros, vendedores, mendigos, borrachos, drogados, homosexuales; todo arde en una armoniosa sinfonía de muerte y destrucción.
Y yo, cual Nerón contemplando su obra maestra, río satisfecho.
Al menos el tren, mañana va a estar mas vacío.

viernes, 15 de junio de 2012

Cualidades de un docente imaginario


Un docente debe poseer ciertas características. Una de ellas es la humildad. La humildad exige valentía, confianza, respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás; todos sabemos algo y todos ignoramos algo. El docente debe escuchar con atención a quien lo busca sin importar su nivel intelectual. Uno de los auxiliares de la humildad es el sentido común, que nos advierte que con ciertas actitudes estamos cerca de superar el límite a partir del cual nos perdemos. Una de las expresiones de la humildad es la seguridad insegura, la certeza incierta y no la certeza demasiado segura de sí misma.
Frente al autoritarismo podemos esperar posiciones rebeldes, pero a veces también apatía, obediencia exagerada, anuencia sin crítica o resistencia al discurso autoritario, renuncia a sí mismo, miedo a la libertad. Por eso es preciso sumar otra cualidad: la amorosidad, sin la cual el trabajo pierde significado; no sólo para los alumnos sino también para el propio proceso de enseñar. Es preciso que sea un amor luchador de quien se afirma en el derecho o en el deber de tener derecho de luchar, de denunciar de anunciar; para lo que surge otra cualidad: la valentía de luchar al lado de la valentía de amar. Cuando comenzamos a ser asaltados por miedos, no podemos permitir que nos paralicen. Es importante gobernar, educar mi miedo, de donde nace finalmente mi valentía.
Otra virtud es la tolerancia. Sin ella es imposible realizar un trabajo pedagógico serio, es inviable una experiencia democrática auténtica. Ser tolerante no significa ponerse en convivencia con lo intolerable, no es encubrir lo intolerable, no es amansar al agresor ni disfrazarlo. La tolerancia es la virtud que nos enseña a convivir con lo que es diferente, a aprender con lo diferente, a respetar lo diferente. Requiere respeto, disciplina, ética.
Se pueden agrupar la decisión, la seguridad, la tensión entre la paciencia y la impaciencia y la alegría de vivir como cualidades que deben ser cultivadas por los educadores progresistas. La capacidad de decisión de la educadora o educador es absolutamente necesaria en su trabajo formador. Decisión es ruptura no siempre fácil de ser vivida. Una de las deficiencias de un educador es la incapacidad de decidir; la indecisión, interpretada como debilidad moral o incompetencia profesional. Hay muchas ocasiones en las que el buen ejemplo pedagógico en la dirección de la democracia es tomar la decisión junto con los alumnos después de analizar el problema. La indecisión delata la falta de seguridad. La seguridad requiere competencia científica, claridad política e integridad ética. Esto no puede concretarse si al educador/a le falta el gusto por la búsqueda permanente de la justicia.
Otra cualidad fundamental es la tensión entre la paciencia y la impaciencia La paciencia aislada tiende a obstaculizar la consecución de los objetivos de la práctica. En la impaciencia aislada amenazamos el éxito de la práctica que se pierde en la arrogancia de quien se juzga dueño de la historia. La virtud está en vivir y actuar impacientemente paciente, sin que se dé jamás una aislada de la otra. Con esta cualidad se impone la parsimonia verbal. El discurso del paciente siempre es bien comportado, mientras que el del impaciente en general va más allá de lo que la realidad soportaría. Ambos discursos contribuyen a la preservación del statu quo. El primero por estar mucho más acá de la realidad; el segundo por ir más allá del límite de lo soportable.
Finalmente, la última virtud es la alegría de vivir; darse por completo a la vida y no a la muerte; vivir la humildad, la amorosidad, la valentía, la tolerancia, la competencia, la capacidad de decidir, la seguridad, la ética, la justicia, la tensión entre la paciencia y la impaciencia, la parsimonia verbal, contribuir a crear la escuela alegre.
La posición más cómoda de los docentes es resignarse, ya que llevar a cabo estas prácticas no mejorará su forma de vida; pero esto significaría renunciar a la lucha, a la pelea, al conflicto. No hay otra salida que no sea la de la unidad en la diversidad de intereses antagónicos de los educadores en defensa de sus derechos. Derecho a  su libertad docente, derecho a hablar, derecho a mejores condiciones de trabajo pedagógico, derecho a un tiempo libre remunerado para dedicarse a su permanente capacitación, derecho a ser coherente, derecho a criticar a las autoridades sin miedo de ser castigados, derecho a tener el deber de ser serios y coherentes, a no mentir para sobrevivir.